Doce de la noche volviendo de una fiesta (sí, si ya sé, pero es que las fiestas acá empiezan a las 7 de la tarde, justo después de cenar) eramos 6 caminando, algunos medio borrachos, otros no tanto, pero íbamos lento porque el camino era empinado y estaba embarradísimo por la lluvia a la tarde.
Cruzado en medio del camino nos encontramos en un auto a uno de la fiesta, con la trompa metida en el barro del costado del camino sin posibilidad alguna de salir. En un gesto más que amable los 6 que veníamos, 3 chicas y 3 chicos, ofrecimos dar un empujón. Todos a la trompa, con los pies mucho más adentro del barro contamos hasta 3 y empujamos. De repente con la luz interna del auto vislumbro que hay una hija de puta sentada en el asiento de acompañante lo más pancha, escucho la cuenta regresiva de nuevo y si bien mi cuerpo empuja sólo puedo pensar "bájate perra que yo estoy toda embarrada por tu culpa". Un empujón más y el auto nada, ni medio centímetro afuera.
Fabián un groso muy groso, tuvo una idea que explica su carácter bonachón y su espalda de algún tipín de 300: "levantemos el auto y movamoslo hacia el costado hasta que quede hacia abajo y ahí lo empujamos mucho más fácil", quiero volver a aclarar que el auto estaba atravesado totalmente, osea transversal a la calle. La borrachera, la testosterona o la bondad o algo por el estilo hizo que todos se subieran a este plan descabellado.
Uno, dos, tres y el auto se movió un poquito, uno, dos, tres y otro poquito más, se necesitaron 18 cuentas para correr el auto. Arranque, primera y salió. El dueño del auto bajó su ventana, dijo: "muchas gracias en serio!" y se fue; SE-FUE, nos dejó de nuevo caminando en el barro, con la cintura hecha mierda, y las patas sucias, SE-FUE. Nadie puede ser tan hijo de puta, flaco llévanos a nuestras casas, hacé dos viajes, llevá a las mujeres, regalame un vino, un asado al otro día, tu primer hijo varón, algo, empujamos tu auto, corrección levantamos tu auto y lo empujamos LE-VAN-TA-MOS!
Más tarde le muestro el moretón que me hice a mi concubino en la pierna y él me dice: "ah vos empujaste? yo fingí fuerza y punto, mirá si voy a estar haciendo tanto esfuerzo por un borracho que no conozco, que fue tan pelotudo de manejar mamado y meter el auto así y que sólo tiró un gracias al final", sabés que: tiene razón.
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domingo, 27 de febrero de 2011
martes, 5 de octubre de 2010
Luismi
Hace unos años trabaje en un catering muy pero muy top que iba a eventos de cierto level. La fiesta de esa noche era en un country, de esos con mucha seguridad, de esos que te hacen dejar tu huella y tu foto en una maquinita de la entrada.
La casa, una casa de esas que sólo vas a ver en la tele, que tienen la heladera de doble puerta con un dispenser incluido en dónde sale agua fría y hielo molido. Una de esas casas en dónde la mucama cama adentro Paraguaya me dijo: "el patrrroncito no nos deja tomar gaseosa". Gente con plata. Mucha plata.
El evento era de sushi libre, había una bruta carpa en el jardín y por ahí atrás también había una barra de helados Chungo, todo esto sólo para 40 personas. Por eso no me sorprendió para nada cuando el dueño me comento que le había regalado una casa en Punta a su mujer por el cumpleaños, ni me sonó del todo imposible cuando me dijo que eran muy amigos con Luis Miguel y que como estaba en Punta iba a pasar a cantar algunas canciones.
Monstruo ciego el del cholulismo, ilógico como pocos, porque a mí qué me importaba Luismi, si para lo único que lo escuche alguna vez fue para dormirme cuando tenía insomnio. Sin embargo ahí estaba, monstruo asqueroso, que me hizo ir a preguntarle a la mucama si era cierto, que después de que ella me diga: "sí le dijo el patrrrrroncito es cierto, el patrrrroncito nunca hace chistes con nada" me hizo ir al baño a ponerme más rimmel y a pensar porque no hacían uniformes más escotados. Ese maldito monstruo me emocionó por alguien que no me importaba, pero mucho peor ese maldito (el monstruo) se sintió totalmente decepcionado cuando todo emocionado corrió hasta el salón cuando empezó a sonar "Suave" y se encontró con un gordo que no se parecía en nada a Luis Miguel, que cantaba karaoke y se llamaba Cacho.
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